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Mi comunidad y el ambiente

Objetivo

Fortalecer la vinculación y sentido de pertenencia con la comunidad y la ciudad en las y los estudiantes, promoviendo el reconocimiento de su patrimonio cultural, la conciencia ecológica y los lazos de respeto y solidaridad. 

Mi comunidad y el ambiente

Desde pequeños, vamos ampliando la definición de nosotros. Primero, al reconocer que nos hemos separado de nuestra madre, que somos una entidad autónoma, pero a la vez dependiente. Luego, vamos incorporando a otros cuidadores o ciertas divertidas pero a menudo amenazantes figuras, como los hermanos mayores y los primos. Con la llegada al Colegio, nos vamos acostumbrando a nuevos personajes de aprendizaje y protección; y otros de juego: docentes y compañeros, que nos demuestran que no todo gira alrededor nuestro. Pero también conocemos otros lugares, otras formas de vivir o de sobrevivir, al caminar por la calle, atravesar la ciudad, visitar a parientes y amigos. Poco a poco vamos reconociendo que somos parte de una comunidad amplia, que no tiene límites precisos, pero que nos ofrece un marco de pertenencia, una fuente de definiciones y también de derechos y responsabilidades.

Ese reconocimiento de las distintas implicaciones que tiene en la vida de niños, jóvenes y adultos el ser parte de…, es hacia lo que se enfoca este ámbito. Como un elemento relevante, se encuentra el enclave que cada miembro de la comunidad posee en el ambiente en el que vive, algo con lo que se ha trabajado mucho en el Colegio y que no puede descuidarse, no sólo para saber más acerca de la ecología, sin sobre todo para actuar en su preservación y mejoramiento.

Adicionalmente, en este ámbito se trata de comprender que en esa comunidad en que vivimos, poseemos en común un imaginario que se nos hace presente a través de símbolos, imágenes, textos, monumentos, tradiciones que nos toca conocer y reconocer como propios; y como al ambiente, preservar y mejorar: cada uno de nuestros actos creativos – y aun los destructivos – incide en ese acervo compartido, alimenta o al menos modifica nuestra cultura.

Pero muy especialmente, ser un miembro más de una comunidad, nos habla de derechos que hay que conocer y hacer uso; y también de la solidaridad necesaria no solamente en momentos de crisis o desastre, que no surge como obligación sino como la consecuencia lógica del respeto y la colaboración con ese otro, tan cercano.

Todas las actividades que se promueven desde este ámbito contribuyen a formar ciudadanía, a desarrollar la capacidad de proponer acciones que respondan a intereses, necesidades o problemas comunes o sociales, tanto de las y los estudiantes como de la comunidad educativa o de la localidad donde la escuela se inserta.