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Mi escuela

Objetivo

Resignificar el espacio escolar, reconociendo la relevancia de la perspectiva y cultura juveniles y fortaleciéndolo como un soporte para promover aprendizajes significativos y estilos de vida saludables, así como prevenir situaciones de riesgo en las y los estudiantes, formándolos en el ejercicio de sus derechos.

Mi escuela

En este ámbito se ponen de relieve las vinculaciones que existen entre estudiantes y adultos y cómo éstas pueden ofrecer el marco de protección, apoyo y afecto que todos requerimos para desenvolvernos de manera satisfactoria.
En efecto, los estudios acerca de los elementos de protección que permiten desarrollar resiliencia en la niñez y la adolescencia, indican que un elemento indispensable es contar con un marco de apoyo, que puede derivar de la interrelación favorable con la familia, pero también provenir de otras instancias socializadoras, entre las que destaca la escuela.
El ambiente escolar, ese medio en el que se desenvuelve la comunidad educativa y que, a la vez, es generado por ella, no sólo influye sino que, a veces, determina los acontecimientos que tienen lugar al interior de la escuela. En ésta se presenta una gran diversidad de escenarios que se articulan entre sí, dando lugar a ámbitos complejos que hay que tener en cuenta para comprender los procesos que acontecen entre las personas que allí conviven.
Así, el centro educativo se configura como una compleja red de relaciones entre diversos grupos que actúan a distinto nivel e inciden entre sí, manteniendo sistemas dominados por una lógica interna. Puede parecer que tales relaciones se fundamentan en las reglamentaciones escolares, pero con frecuencia inciden con mayor peso las normas no escritas que gobiernan las relaciones entre los miembros de la comunidad educativa: qué se supone que cada grupo de estudiantes, docentes, administrativos, directivos, considera que es su papel y cómo espera que sean sus interacciones. El tono o tipo de relaciones se mantiene con frecuencia por inercia, porque es lo que se está acostumbrado a hacer, aun si pueden no resultar satisfactorias.
 
Por eso, para generar un proceso de cambio que arroje una luz y una mirada diferente sobre lo que representa la escuela, como marco de pertenencia, aprendizaje y apoyo de estudiantes, en especial, pero también de las y los adultos, se requiere de un programa que actúe a la vez como detonador y garante de ese proceso.

Para ello, será necesario reconocer espacios y formas de encuentro entre los actores de la comunidad educativa, que generen formas de convivencia saludables, efectivas, en las que, a partir de estrategias de formación, se logre el desarrollo de las habilidades que las y los estudiantes requieren para la construcción de su identidad y la conformación de su proyecto de vida.