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Mi tiempo y formas de consumo

Objetivo

Promover la reflexión acerca del uso del tiempo y la formación de hábitos de consumo, con el fin de adquirir mayor conciencia de la manera en que se va construyendo la vida, a qué le se le otorga más relevancia y qué se podría tener en cuenta para alcanzar una existencia personal y social más plena. 

Mi tiempo y formas de consumo

Nuestra vida en sociedad nos coloca en una situación de consumo permanente: consumimos productos naturales y recursos como el aire, agua, energía del sol, espacios, tiempo; consumimos alimentos que nosotros mismos preparamos o que otros han hecho para nuestro uso; consumimos servicios y hacemos uso de instalaciones públicas y privadas. También consumimos ideas y noticias, que comentan quienes tenemos alrededor, pero especialmente que nos surten los medios de comunicación, los que además nos ofrecen y promueven marcas y productos comerciales. Y adicionalmente consumimos medicamentos y otras drogas o sustancias que pueden ser prescritas por un médico para enfrentar un problema de salud, o pueden ser utilizadas para modificar nuestro estado de ánimo o por muchos otros motivos.
 
La forma en que realizamos todos esos consumos, en que vamos acostumbrándonos a optar por un producto y desechar otro, en que establecemos nuestros gustos y deseos, se va construyendo en el proceso de socialización, en el que aprendemos a vivir en sociedad. En ese proceso interviene en primer lugar nuestro grupo familiar: padres, pero también hermanos, abuelos y todos esos primos y tíos con los que nos encontramos con frecuencia y que nos van mostrando lo que consideran bueno o malo. A ellos se van agregando los compañeros y maestros de la escuela, los amigos del barrio, las demás personas de nuestra comunidad. Y en la actualidad tienen un papel muy importante los medios de comunicación (TV, radio, internet) que nos acercan a otras formas de vivir, nos presentan lo que está de moda no sólo en ropa sino en comportamientos y nos ofrecen modelos de cómo enfrentar los problemas o el dolor, cómo expresarse, que se puede decir y que es mejor callar. Y en especial, cómo ser mujer u hombre.

Así, vamos formando casi sin darnos cuenta una serie de hábitos sobre los que ya no reflexionamos, que pueden estar dañándonos y perjudicando a los demás, pero que nos ayudan a desarrollar nuestra vida, sin tener que estar reflexionando sobre nuestras decisiones o comportamiento. También esos hábitos de consumo nos acercan a otras personas que tienen las mismas preferencias (de género, de música, de deporte, de lugares de reunión) y con las que nos gusta reconocernos como iguales y nos sentimos seguros.

Esos hábitos se relacionan también con la forma en que usamos nuestro tiempo. En estos últimos años, ya no podemos hablar de tiempo libre, porque todos enfrentamos días colmados de obligaciones, vinculaciones, llamados, imágenes que completan los escasos intersticios entre la jornada laboral o académica, el lapso que pasamos en el transporte, el mantenimiento y actualización de las novedades y de nuestras relaciones sociales cada vez más virtuales que presenciales, la comida cada vez más rápida y el tiempo de reposo, cada vez más corto.

En este ámbito se llama a la reflexión sobre todos esos tipos de consumo y de cómo ocupan nuestra vida y nuestro tiempo.